lunes, 19 de junio de 2017

EL RÍO DE MONTAÑA


El río de montaña es una alma libre,
salta piedras, rodea árboles, cuida truchas.
El río de montaña es alegre mientras corretea por los agrestes caminos de roca pura.
Cree que es inmortal.
Pobre río de montaña.
Su infancia es breve.
Al llegar a la ciudad se vuelve viejo y triste.
Su senilidad comienza en una presa.
Su vejez es lenta.
Ya no corre ni juguetea con las arenas ni las piedras.
Las truchas mueren.
Las podridas algas lo rodean y lo ahogan en un hedor que apesta a muerte.
El alma del río de montaña ya no sonríe.
Ha descubierto el agreste paisaje de trigales y pastos.
Su agua, robada a su paso, cortada con diques de hormigón, hiede a mosquitos muertos.
Su venganza en el camino es grande.
Cuando se percata de la traición cruel de aquel al que regala su belleza en su origen.
El río de montaña acoge en su seno a las criaturas malignas del averno.
Monstruos salidos de cuentos de Verne.
Moscas oscuras, infectas, impuras, cuyo veneno nos enloquece.
Animales no productivos que comen peces o palomas, incluso podrían comerse un bebé.
El río de montaña enloquece.
Al volverse cuerdo, en su huida hacia el mar, intenta asesinar, secuestrar y ahogar a todo el que se acerque a contemplarlo.
El río de montaña ya no es libre.
Su alma llora y sus lágrimas saladas se derraman al mar,
Lloro al mojarme en sus transparentes aguas.
Me despido de su frescura y de su calidez de río libre.
El río de montaña tiene las horas contadas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario